martes trece
13/06/17
MARTES
TRECE. Podría decirse que nunca creí en lo que llamamos mala suerte (aunque en
realidad todo el tiempo menciono mi desfortuna), lo cierto que es que siempre
supe que todo lo que nos sucede tiene alguna razón, o posible explicación, y
nada sucede solo que por que sí. Creo en los propósitos. Todavía soy joven y no encontré el mío. Pero
ya sea por Dios, o como algunos lo prefieren, el destino, debo existir para
lograr algo.
Hoy
por la tarde sucedió algo que si me lo hubieran contado dos años atrás no
hubiera dado fe de ello. Pero para empezar, voy a hacer una pequeña introducción.
Cuando tenía 16 años, y paseaba por la escuela (si, joder, es una maldita
historia de secundaria) en los recreos comencé a fijarme en un chico, (demos
por sentado que debido a quien soy nunca me atreví a hablarle) el cual me cruzaba
todo el tiempo, tampoco es que nuestra escuela fuera la más grande del mundo,
me resultaba misterioso, nunca entendí porque llamaba mí atención, pero digamos
que era el equivalente a lo que hoy en día le decimos crush, era mi crush.
Nunca supe su nombre y al año siguiente egreso. Hace una semana, viajaba en
colectivo con mi amiga, y charla va, charla viene, me contó que tenía un amigo
nuevo, que tal vez lo conocía porque había ido a nuestro ex colegio (sip, ya
somos universitarias), le dije que no me sonaba, y me mostro una foto,
impactada le conté que nunca había sabido cuál era su nombre. Nos reímos,
porque esa coincidencia era graciosa. Es de los típicos casos en los que te
resignas y te olvidas porque probablemente nunca lo vuelvas a ver en la vida.
No recuerdo si fue que lo agregue a Facebook porque me apareció como sugerencia
(vamos jaja) o si fue lo busqué. Pero el domingo pasado me aceptó la soli y lo stalkeé,
sip, algo en lo que soy buena. Tenía algunos indicios de qué le gustaba, pero
no sabía si tenía novia, hijos o algo por el estilo, me dio curiosidad saber si
tenía Instagram, y siguiendo mi rol de stalker, que fbi ni que nada, visite el
perfil de mi querida amiga para ver sus followers, y ¡BINGO! Encontré su
perfil, pero era privado así que tenía que esperar que me aceptara (otra vez).
La cosa fue rápida, cuestión de que no sabía si hablarle o no. Un amigo me dijo
que no fuera cagona y meh, no lo hice, porque vamos, seguía siendo yo. Al día
siguiente le hablé, porque vamos, como dice mi mamá “el no ya lo tenés
asegurado” y no perdía nada intentado. Hablamos por dm en IG y después me pidió
mi número para escribirme por whatsapp. Hablamos un poco y me resultó simpático.
Me dijo que la próxima semana podríamos ir a tomar un café si quería, y ya que,
obvio que sí. Al menos íbamos a conocernos. Hoy estaba resolviendo unos
pendientes y como acabe temprano estaba decidiendo si ir a la facultad y
esperar a la próxima clase (ya había perdido la de sociología) o pasear por el
centro hasta que fuera hora. En esas, estaba escribiéndome con el susodicho y
me dice que estaba desocupado, y si quería podíamos ir a tomar algo,
sinceramente no traía más que $6 en la billetera porque el día anterior antes
de salir dejé mi efectivo en mi fondo de ahorros para evitar gastarlo en
chucherías, le dije que me encantaría pero literal que no traía un mango
conmigo, y me dijo que invitaba, pero que si quería dejarlo para otro día con
más tiempo estaba bien, le dije que me parecía bien, así que quedamos en un
punto de encuentro. Digamos que justo ese día prácticamente no me había
arreglado, pero daba igual. Mientras esperaba me encontré con una conocida que
se había enterado de todo el chisme, y como no nos veíamos hace meses, nos
pusimos a conversar.|