14/06/17

Últimamente (y después de un largo tiempo) puedo decir que soy feliz.

Puede que este sea un nuevo comienzo en mi vida o tal vez solo una parte. No sabría decirlo. Quiero correr riesgos. Siento que podría arriesgarme y no pensar tanto. Ya no estoy aferrándome a los recuerdos y hundiéndome con ellos hasta lo más profundo de mí ser. Estoy dejando ir, estoy soltando. Soltando. Y también aceptando.

Es como una nueva filosofía de vida, estoy más que segura que en algunos aspectos soy dramática, cobarde, y se me ocurren infinidades de adjetivos con los que podría describirme, pero ¡hey! No estoy enfocándome en eso, es decir, quiero ser mi mejor versión, quiero caminar con la espalda recta y sentirme segura a pesar de mi cuerpo, de mi aspecto físico, que al fin y al cabo es solo un envase, quiero que mi contenido reluzca, quiero pintarme los labios de rojo y sentirme como una femme fatale, quiero gritar ESTOY JODIDAMENTE BIEN, quiero intentarlo, porque si no lo hago, en unos años voy a cuestionarme las razones por las que no lo hice y sé que me voy a arrepentir, de no haber siquiera intentado, de no haberme perdonado a mi misma por todo el daño que me hice intentado agradarle a personas que ni siquiera se molestaron en despedirse, que no me valoraron, e incluso yo, que no me valore a mí misma, cuando era la única persona que estaba ahí para decirme que fuera fuerte y recoger mis pedazos cuando me desmoronaba y nadie parecía notarlo. Quiero perdonarme, necesito hacerlo y dejarme ser, sin limitarme por miedos,