Expectativas
Dicen que año nueva, vida nueva. Y nunca me pareció más trillado, pero heme aquí.
El 2019 empezó como todos los años, con todo el mundo yéndose a dormir luego del brindis. Pero yo no quería dormir temprano, nunca quiero dormir temprano, aunque tampoco es como si tuviera con quien desvelarme, eso es lo más triste. Así fue como empecé el año viendo la tercera temporada de una serie animada, y cuando me rendí, caí en los brazos de Morfeo.
ENERO pasó en un abrir y cerrar de ojos. Comencé a tener una rutina diaria, de cuidado personal, caminar por la mañana, alimentar mi alma mediante meditación y reflexión, OBVIO literatura, y quererme un poco más. Un hecho de suma importancia fue el nacimiento de mi amado sobrino, todavía recuerdo ese domingo de mayo, en el que mi hermana nos confesó su embarazo, no podía creerlo, LITERAL, lloré porque pensé que estaban bromeando, pero me sentí tan feliz que no cabía en mi misma.
Luego dije FEBRERO SORPRÉNDEME, y adivinen qué, YASSS ahora estoy medicada por un par de meses, haciendo dieta y dejando todo lo que me hace mal, (incluyendo personas).
Caminé, caminé y caminé, porque caminar es una de las pocas cosas que ayuda a calmarme, a canalizar mi dolor, mi enojo, en cierta forma, mi tristeza. Caminé tanto que me dolió, y estuve casi dos semanas sin poder hacerlo. Y me curé, y volví a caminar porque, nuevamente, es lo que siempre me ha ayudado a desprenderme de ciertos sentimientos.
Febrero también fue un mes muy importante, volví a conectar con personas con las que creí que nunca jamás iba a tener relación en mi vida, y fue maravilloso. Años atrás creía que las relaciones una vez terminadas, rotas, jamás podían volver a ser lo que eran, en otro tiempo, cuando era más joven, creía que dejar ir a las personas con el perdón y el recuerdo del cariño era todo lo que quedaba, pero hace tres años precisamente entendí que no es así. A veces necesitamos dejar ir a ciertas personas, porque tal vez, (y solo tal vez), ya nos enseñaron todo lo que podían, y necesitan volar, y aprender, y vivir otras cosas, y tal vez, (y solo tal vez), volver con nuevas experiencias y anécdotas que contar. O quizás simplemente cumplieron con su propósito y ya.
MARZO, marzo, marzo. Ya casi acaba el verano, sin duda el mejor verano que he tenido en años. Ahora mismo siento nostalgia, porque hace tiempo que no me sentía así, tan libre, tan amada, este verano lo compartí con mi familia, que sin duda me ha brindado todo el apoyo del mundo, y siento como me cuidan, y como se preocupan. No recordaba lo que era ir a diario a la playa, saber que alguien esperaba por mí a diario.
Recién estamos a mediados de mes, pero tengo un poco de ed
Sinceramente tuya, sf.