En Ciudad de Gigantes

-¿Sabes como me sentí cuando baje del taxi?

- ¿Cómo?

- Pequeña...


Si, bueno, no me refería a mi muy estimado metro cincuenta y ocho. Cuando arribamos en la portenian city, mi primer pensamiento fue HOLY SHIT, los edificios son enormes, me sentí atrapada, como en un laberinto, con múltiples caminos, demasiados lugares que ver, más de los que podría visitar en mi estadía, me sentí pequeña ante tal magnitud.
Podría ir al Museo de Bellas Artes, al Jardín Japonés o visitar La Boca. Conocer los shoppings, de los que tanto oí, o ir a la cancha, conocer  Starbucks, pasear por la noche en la Corrientes.

Finalmente, conseguí un mapa en el puesto de informes turísticos y organicé el tiempo que me sobraba entre exámenes y prácticas. (Lo mejor de ese mapa: tiene casilleros para marcar los atractivos turísticos visitas, y están enumerados y señalados en el mapa.)

Visité los lugares de mis sueños: El cementerio de Recoleta y El Ateneo.
Ambas experiencias han sido maravillosas.

La primera vez que vi fotos del Cementerio ME ENAMORÉ y soñé con visitarlo algún día. Nunca pensé que iba a ser tan rápido. Aún guardaba una screen de la foto que vi en Instagram y fue igual o incluso más maravilloso y mágico de lo que esperaba. Tomé cientos de fotos y me hizo muy feliz.
Mi familia no entiende porque prefiero pasar la mañana recorriendo Recoleta a estar de compras en el algún shopping. Permítanme decirles que como buena compradora compulsiva que soy, visité dos o tres shoppings y sólo vi más de lo mismo, amo comprar, (y obvio, aproveché los descuentos), pero no se compara con apreciar la belleza artística de ese lugar. 

Y El Ateneo, cualquier lector que se respete debería conocerlo, es bellísimo, es enorme y muy concurrido, lo magnífico es que quedaba a la vuelta de mi alojamiento y podía visitarlo cuando quisiera, pasé varías horas leyendo. Puedo decir sin duda alguna que la mejor de las visitas fue hecha en conjunto a mis compañeras de curso, ya que estuvimos horas y horas, y hablamos de literatura, de nuestras aspiraciones románticas, nos recomendamos libros y lloramos abrazadas, (sí, eramos tres virgianas con los sentimientos a flor de piel).


Mi primera vez en Buenos Aires, fue genial, visitar esa ciudad de gigantes, me hizo valorar mucho más a ciudad natal, a la que amo, de la que estoy orgullosa aunque todo el mundo la desprecie y no tenga nada de turística.

Limón Turistero