06 DE ABRIL

 

06/04/2017

Estos últimos días he estado pensando más de la cuenta. Aunque al menos, no estoy sintiéndome como hace un año atrás. No me gusta estar triste. Lo odio.

Viajar en colectivo es una de las cosas que más disfruto. Barrio a barrio, reflexiono hasta el mas mínimo detalle en mi vida, puedo escuchar música, leer e incluso quedarme viendo por la ventana sin nada que pensar en absoluto. Habitualmente tomo la línea uno. Pero al menos he viajado en la mitad de las líneas que recorren la ciudad. La ciudad. Mi ciudad. Amo vivir acá. ¿Cómo no hacerlo? Me gusta. A la mayoría de las personas les desagrada por completo, pero no a mí. Yo sé, que no es la ciudad más moderna de todas (y eso teniendo en cuenta que no vivo en un pueblo, aunque no estamos taaan lejos.) Tampoco hay muchos lugares a los que frecu

Mis amigos. Já. Es un tema complicado. Todo el mundo dice que soy simpática, pero la verdad es que estoy aterrada. Todo el tiempo. No soy buena haciendo amigos, y ahora ya no estoy tan segura de ser buena conservándolos. ¿Qué está mal conmigo? Por más que intento, todos terminan dejándome. Es algo más o menos como en el Teorema de Katherine, la teoría de los que dejan y son dejados, pero en vez de tener relaciones amorosas frustradas, son relaciones amistosas fracasadas.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas a luz de las velas (Si, se nos fue la electricidad.) tengo un dolor en mi pecho e intento no llorar, porque sé que si lo hago no seré posible de detenerme. Últimamente intento fingir que no me importa nada de lo que sucede. Sin embargo no es así. Todo el tiempo intento distraerme con lo que sea, con tal de no llorar y que mi madre comience a preguntar que me pasa, no quiero sermones de no te merecen, podes encontrar a mejores personas. Estoy tan harta personas que se van sin avisar, de personas que prefieren a otras. Nunca nadie me eligió a mi.

No me fui porque todo el mundo me presionaba para no que no lo hiciera. Si me iba ¿sería más feliz?